10 de noviembre de 2015

TU RETORNO CON ALIENTO A PELUCHE, BIBERÓN Y VERGA AJENA: MISS O’GINIA DE FERNANDO ESCOBAR PÁEZ

Por Rolo Martínez

Los textos que componen Miss O’ginia, trazan una línea escritural que escapa, por lejos, de ese campo quebradizo y facilista que se enlista como fórmula, tal vez inconclusa o inacabada, entre aquello que llamamos marginal. Tampoco se adscribe al grupo de literaturas pseudo pornográficas o eróticas que pueblan y atiborran Internet, y que, entre vaivenes, gemidos y cadencias, sitúan el hecho de la descripción, como un ejercicio prestablecido y tácitamente limitado. En efecto, los textos, o mejor dicho aún, por antonomasia, la obra de Fernando Escobar Páez, dibuja un compendio donde caben, entre otros, seres que carecen de vergüenza, pensadores o intelectuales que advierten con exactitud, los ciclos de la vellosidad, del olor ácido de los genitales, de la simetría del recto y la figura prístina del falo, en rigor, habitantes –para nada dormidos– de ese pequeño trozo de oscuridad que se sitúa como un universo paralelo en cualquiera de las pequeñas y grandes ciudades de nuestro continente. En este libro, el autor nos revela, más allá de la soltura, el lenguaje crudo y eficaz con que atiende cada uno de los textos, un dominio que es propio de aquellos autores quienes previo al acto escritural,  han transitado a largo y grueso modo por su obra.  Quizás por esta razón, el autor no sólo asume el papel de escritor o cronista de sus íntimas o más desviadas experiencias, sino que, disfrazado de doctor o científico, de drogadicto under o hereje, hace eco de las voces que, al menos en la literatura, han sido silenciadas por el conservadurismo y aquello  tan políticamente correcto.

Llama la atención en estas historias,  el despliegue reflexivo de sus personajes, y en especial, de aquellos que se asumen en la historia, como meros o vulgares confidentes, cito:

"Si una mujer de veinte y seis años tiene por referente intelectual a Silvio Rodríguez, significa que —además de estúpida— es mal follada"

 Sin ser personajes totalmente triunfales, quienes habitan en las historias de Escobar Páez, se alejan del discurso poético de la derrota, y, de igual modo, sin ser eximios o experimentados pensadores, se destacan por conjeturar o elaborar sentencias, la mayoría de las veces, de grueso calibre.

No es, sin embargo, por ese lenguaje frontal, ni por la vaguedad entre los tosco, lo bizarro y lo extrañamente hermoso, que debiese considerarse Miss O´ginnia como una de aquellas obras que son irremplazables. En primer lugar, nos aproximamos a una trabajo que abunda en lo genuino, ya sea por la desnudez con que plantea el tema de su propia experiencia como también, porque entre las líneas se intuye una ausencia de falsas miradas. En segundo lugar, quien ha sido capaz de entretejer una historia con los propios desaciertos sin caer en la blanda trinchera del optimismo, no puede sino ser un escritor que ha hecho de su trabajo el patio trasero de su propia vida. Cito:

"Mi terapeuta me pidió que intente masturbarme como la gente normal: pensando en mujeres bonitas y adorables, pero no puedo; mi verga tiene tanto miedo a la noche que sólo entre verrugas y derrotas puede besar a La Triple Diosa"

En versos como éstos, Fernando Escobar, no sólo transparenta la locura, sino que poetiza la soledad o el desarraigo desde la arista menos convencional, haciendo imposible al lector considerar la literatura –o al menos esta obra– como un hecho coherente, racional, aunque por otro lado, implique el desafío constante de abandonar lo secular y evidente, por construcciones que en la suma, componen un extracto  más cercano a lo real y tangible que a la irrealidad misma y ese cúmulo de sensaciones superfluas.